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El agente del corvo de oro

por Andrea Lagos

Foto: Archivo La Nación. Universidad Diego Portales.

LÍNEA DE TIEMPO



 

El agente del corvo de oro

En los ‘80, Álvaro Corbalán, jefe operativo de la CNI, asesinaba y torturaba de día. De noche se iba de fiesta, tocaba la guitarra y cortejaba a las mujeres más bellas. Condenado por varias causas judiciales en Punta de Peuco, siguió hasta hace poco gozando de privilegios y organizando homenajes a Pinochet. Esta es la historia del rey de la farándula en dictadura, el símbolo desatado de la impunidad de los aparatos represivos. Un rostro emblemático que inspira al antagonista de Los archivos del cardenal.

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na imagen de San Expedito cuelga de la pared amarillenta en la habitación del ex agente de la CNI Álvaro Corbalán Castilla (62), en el penal de Punta de Peuco. Al santo de las causas urgentes no se le han dado por estos lados los milagros: Corbalán contabiliza alrededor de 20 años en prisión, aunque solamente nueve de ellos en Punta de Peuco. En las siete condenas que ha recibido acumula 63 años de presidio, sin contar una cadena perpetua, varios procesos aún abiertos y sentencias no definitivas. Nunca un juez le ha concedido beneficios. A estas alturas, la imagen de San Expedito bien podría ser reemplazada por la de Judas Tadeo, patrono de los imposibles.

Moreno, pelo chuzo y azabache, aún conserva los gruesos bigotes de sus años como agente. No ha cambiado demasiado en su fisonomía, salvo que está ciego de un ojo por la enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada, que superó un cáncer y que sufre de diabetes. Tampoco ha dejado de usar el corvo de oro que cuelga en su pecho, regalo de “mi general Pinochet” como agradecimiento personal.

Su pieza-celda es de unos 3×3 metros y tiene baño privado. En las paredes hay dibujos de sus hijos menores, libros, películas y trofeos. Tiene un televisor, una guitarra, un mini refrigerador y un microondas. Usa un computador PC de los antiguos. No cuenta con internet; los celulares están prohibidos. Granjerías de un pasado que terminó. Pero él es rápido y rema contra la corriente. En junio del 2012 encontraron en su pieza celulares, cargadores y módems. Estuvo castigado 20 días sin visitas.

Corbalan 001

En sus mejores años, Corbalán torturaba y mataba de día, pero sus noches eran una eterna fiesta, con mujeres atractivas y autos del año rasgando el toque de queda. Lejos del bajo perfil de un agente de inteligencia, era el rey sin corona de la farándula en estado de sitio, el símbolo desatado de la impunidad de esa época. Ya en democracia cayó en prisión, pero siguió con mchas regalías. Su condición de preso VIP solo comenzó a mermar en los últimos años, cuando la tesis de “justicia en la medida de lo posible” perdió terreno.

Antes muerto que sencillo
Año 1980. A los 29 años y envuelto en su perfume Halston Z14, Álvaro Corbalán inicia su senda al estrellato. A la cabeza de la CNI ha llegado el general Humberto Gordon, en reemplazo del general Odlanier Mena, acusado de ser demasiado “blando” con la subversión. Corbalán se convierte en favorito del nuevo director. Pero él siempre dice que fue nada más que el comandante a cargo del siniestro cuartel Borgoño de la CNI y no el jefe operativo del aparato. Otra cosa afirman todos los expedientes judiciales que lo inculpan.

Corbalán integró el cuarteto Voces de Manquehue. Es el tercero de izquierda a derecha.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales

Corbalán integró el cuarteto Voces de Manquehue. Es el tercero de izquierda a derecha.
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales

Lo suyo siempre fue la inteligencia militar, pero con estilo. Un agente de traje claro, pañuelo de seda en la solapa, gomina para domar el pelo y partidos de tenis para estar en forma. Ni alcohol ni cigarrillos. La Fanta y la Orange Crush, junto a los pasteles con crema, eran sus desbordes visibles. Y, claro, las mujeres. En el día podía ser feroz con los prisioneros del cuartel Borgoño. Tenía la energía para destinarle 20 horas diarias a la represión. Pero al anochecer se transformaba en protagonista de la farándula que florecía en torno a los estelares televisivos.

Antes del golpe de 1973, Corbalán perteneció al SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Después siguió en el DINE (Dirección de Inteligencia del Ejército). Esa es la historia oficial. Sus pasos por otros submundos de los servicios de seguridad son menos claros, y también la preparación que tuvo. Hizo, por ejemplo, el clásico curso en Fort Gulick (en la zona estadounidense del canal de Panamá), la sede del adoctrinamiento de los militares del continente en la Escuela de las Américas. El Harvard de la Doctrina de Seguridad Nacional, donde –luego del triunfo de Castro en Cuba- EE.UU promovió que los militares latinoamericanos se volcaran al orden interno, para combatir ideologías y movimientos favorables al comunismo. Corbalán fue un alumno aventajado.

El agente de seguridad Andrés Valenzuela, alias “Papudo”, desertó en 1984 de los aparatos de la dictadura chilena. Abandonó el país gracias a la protección de la Vicaría de la Solidaridad, no sin antes confesar lo mucho que sabía sobre represión y desaparición de personas. En sus declaraciones involucró a Corbalán como integrante del Comando Conjunto, un aparato hasta entonces desconocido, formado por hombres de todas las ramas armadas y que compitió en ferocidad con la DINA en los primeros años de la dictadura.

Cuando aún era un desconocido agente del DINE, participó en el secuestro y muerte del humilde militante comunista y dirigente sindical de Chilectra, Juan Luis Rivera Matus (1975). Según el libro del periodista Manuel Salazar, Las letras del horror II: La CNI, también infiltró la Arquidiócesis de Santiago, gracias al apoyo fundamental del sacerdote español Felipe Gutiérrez, capellán del Ejército.

Otra historia existió en torno a una agencia de viajes que estuvo a su cargo en los años 70. Se llamaba Cordillera Tours y tenía un local en el Hotel Crowne Plaza. Una fachada para actuar en caso de una posible guerra con Argentina en 1978. Aunque no tenía fines de lucro, comenzó a producir buenas ganancias. Las alertas de los superiores de Corbalán se encendieron. Se le acusó de utilizar dineros para fines personales. Él desmintió los cargos y, para defenderse, llegó hasta el vicecomandante en jefe del Ejército, Carlos Forestier. En castigo, iba a ser destinado a Traiguén. Él no aceptó. Fue amenazado con la baja. Sin embargo, lo salvó la campana y los cientos de secretos que guardaba como CNI y ex DINE.

Gaviota para Corbalán
Su vida militar comenzó a los 14 años: cambió el Instituto Nacional por la Escuela Militar. En esa época estaba más interesado en la música y el guitarreo que en las armas. Con otros cadetes formó el grupo Voces de Manquehue, que se presentaba en los festivales de colegios de la zona oriente capitalina. En diciembre de 1973, egresado de la Escuela Militar, firmó por dos años con el sello discográfico Odeón. Pero su entrada al mundo de la inteligencia selló el fin de su carrera como cantautor.

Otros agentes de la CNI lo bautizaron “El Faraón”. Era entrador y rápido. Y vivía como rey. Se las supo arreglar para tener una gran casa en El Arrayán que, según su versión, construyó a partir de una casucha y con ladrillos donados por el Ejército. Ahí daba grandes fiestas. También tenía una casa en Papudo (que conserva) y era miembro del Club de Yates de ese balneario. Se movilizaba en un Volvo Intercooler del año, lo mismo que sus escoltas.

A principios de los ‘80 asumió como jefe de seguridad del Festival de Viña del Mar, cosa que –ha dicho– para él fue “ingrata”, por la tensión que implicaba. “Desactivamos varias bombas y nadie jamás se enteró”, diría posteriormente. Lo cierto, no obstante, es que la nueva responsabilidad le calzó como guante. El Festival lo conectaría con la música y los artistas, su grandes debilidades. Y Viña traía mujeres, miel de abejas para esta suerte de James Bond de la dictadura.

La entonces alcaldesa de Viña, Eugenia Garrido, le regalaría una Gaviota de Plata dedicada, que conserva en Punta de Peuco: “A Álvaro Corbalán, por sus servicios prestados en defensa de la patria”.

Maripepa y el Rat Pack
Con la farándula a su alcance, se hizo cercano a los estelares de TVN que dirigía Sergio Riesenberg y que animaba Antonio Vodanovic. Así fue que conoció en 1981 a la espectacular vedette española Maripepa Nieto, estrella del show revisteril Sabor Latino. Con ella convivió por años en su casa del Arrayán. Maripepa jamás lo ha desmentido. Su influencia fue vital para que a una de las mujeres más deseadas de Chile no le faltara trabajo. Sus escoltas, y a veces el propio Corbalán, esperaban el final de sus shows para llevarla a casa. Entre otras conquistas de las que sigue ufanándose, figuran conocidas divas de la televisión, algunas todavía en pantalla, como también una sexy rubia funcionaria del régimen.

Su vida nocturna se repartía en locales como La Casa de Cena, el Confetti´s (del ex marido de la cantante Patricia Maldonado), el Rodizzio y La Casa de Canto. Este último era un pub que originalmente estaba en Los Leones. En su segunda vida se trasladó a la Costanera como restorán y siempre se especuló que su nuevo dueño era Corbalán, pero él lo ha desmentido. Con música en vivo, pretendía competirle al Café del Cerro, el bastión del canto nuevo y la izquierda situado en Bellavista.

Subía a menudo al escenario para cantar con su guitarra y compartía con su amigo, el pianista argentino Raúl Di Blasio, número frecuente del local. En el grupo estaban también artistas como Patricia Maldonado, Pedro Messone, Jorge Pedreros y otros.

Álvaro Corbalán, ex jefe de operativo de la CNI Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales

Álvaro Corbalán, ex jefe de operativo de la CNI
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales

“Sin terrorismo no hay tortura”
La mano dura del general Gordon en la CNI se sintió con vigor en 1981. Coincidió con el inicio del encendido romance entre “Álvaro Valenzuela”, la chapa de Corbalán, y Maripepa. Ese año, agentes al mando de Corbalán asesinaron a cinco miristas y a un socialista, en tres operativos distintos. La arremetida volvió fuerte en 1983, de nuevo contra el MIR. En lo que se conoce como las matanzas de Fuenteovejuna y Janequeo, siete miristas fueron fríamente asesinados, en venganza por el asesinato del intendente de Santiago, Carol Urzúa (ver línea de tiempo).

“Un soldado siempre debe obediencia a sus superiores” y “sin terrorismo no hay tortura”, son sus credos que, junto a un fuerte nacionalismo, dejan en claro por qué se convirtió en uno de los oficiales de la CNI más queridos por Augusto Pinochet.

El abogado de derechos humanos Héctor Salazar representó a las víctimas de la llamada “noche de los cuchillos largos”, la terrorífica velada del 8 al 9 de septiembre de 1986 en que la CNI ultimó a cuatro opositores, en venganza por el atentado contra el general Pinochet, ocurrido horas antes. Uno de los asesinados fue el periodista José “Pepe” Carrasco.

Así resume el operativo Héctor Salazar: “La Junta de Gobierno mandó llamar al director de la CNI, Humberto Gordon. Lo reprendieron duramente por no haber impedido el atentado. La orden a Gordon fue ‘hay que responder enérgicamente’. El encargo de Gordon: ‘Matar a dos opositores por cada uno de los cinco escoltas abatidos en el atentado’. Corbalán llegó al cuartel Borgoño agitado y comenzó a gritar ‘¡tráiganme las carpetas!’. Y fueron eligiendo a las víctimas aleatoriamente, las primeras que salían, las que se veían más completas. Salió con sus hombres y otras brigadas se marcharon hacia otros destinos. Así cayeron. Hasta que alguien de La Moneda dio la orden de parar con la improvisación”. La Corte Suprema dictó contra Corbalán una pena de doce años de prisión por la aventura de las carpetas.

Aunque existen abogados de derechos humanos que no imaginan a “El Faraón” descendiendo a las mazmorras para interrogar, el diputado Sergio Aguiló (Izquierda Ciudadana) atestigua lo contrario. En 1981, él y cuatro compañeros de la Izquierda Cristiana fueron trasladados, con la vista vendada, al cuartel Borgoño. “Corbalán estaba al mando de los seis oficiales y suboficiales que me torturaron. Por lo menos en una de las diez noches que pasé allí Corbalán se presentó. Reconozco su voz de mando, fuerte, inconfundible. Me hacía preguntas y daba muchas órdenes. Como mi vista estaba vendada, ignoro si era él quien me ponía la electricidad”, dice.

El diputado volvió a escuchar esa misma voz en algunos interrogatorios judiciales. “Y hace dos años, en el contexto de un programa de TVN sobre Punta de Peuco, Corbalán se acercó a mí. Quería hablar de su situación carcelaria. Fue raro escucharlo allí. Aún en Punta de Peuco actuaba como si ostentara poder”.
Tras una demanda penal, Corbalán y seis oficiales que participaron en la detención y tortura de Aguiló fueron declarados culpables y sentenciados a 341 días de pena remitida.

Disparos en las filas propias
El estilo farandulero de Corbalán le generó enemigos en sus propias filas. Héctor Salazar escuchó de un fiscal militar que el agente tenía la fama de “no ensuciarse las manos, de ponerse para la foto y mandarse a cambiar”.

El 18 de julio de 1988 la revista Cauce publicó una carta anónima de efectivos de la CNI con acusaciones en su contra. “Somos un grupo de agentes de la CNI que estamos al mando de un inmoral y que, al no tener respuesta del mando, lo hacemos público. Sabemos que si nuestro líder (Pinochet) lo sabe, tomará cartas en el asunto”, decía un extracto.

Revista Cauce, junio de 1988

Avanzada Nacional fue el partido fundado por Álvaro Corbalán, en el que se cobijó tras su salida del Ejército.
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

La misiva revelaba que el régimen había canalizado 26 millones de pesos para financiar a Avanzada Nacional, el partido político nacionalista y pinochetista fundado por Corbalán, gracias a la logística de la CNI. Willy Bascuñán, compositor de “Los viejos estandartes” –himno oficial del Ejército– había conocido a Corbalán cuando este era cadete. Ambos se volvieron a topar en Avanzada Nacional, de la que Bascuñán se hizo militante. Afirma que no era la persona adecuada para dirigir la colectividad. “Corbalán fue trabajador, organizado, y contó con los medios económicos y la capacidad para crear el partido. Sin embargo, al poco tiempo yo me salí, junto a muchos. No estuve de acuerdo con su estilo. A Álvaro Corbalán le gustaba demasiado aparecer. Con su manejo sepultó por 100 o 200 años el movimiento nacionalista chileno”.

“Si fueras hombre…”
Corbalán aún idolatra a Pinochet y habla de él como si estuviera vivo. Era muy cercano a él y a su familia. Ahora, desde Punta de Peuco se las ha ingeniado para organizarle homenajes y supervisó incluso la muestra de un documental en su honor en Miami. En los ‘80, alguna vez se le ocurrió que debía aspirar al generalato, pero tendría que dejar la inteligencia y hacer el curso de Estado Mayor en la Academia de Guerra. Sin embargo, Pinochet lo paró: “¡No, señor, usted no se va para allá. Usted muere aquí al lado mío!”.

La distancia con el sucesor de Gordon en la CNI, Hugo Salas Wenzel, y la purga en los organismos de seguridad para limpiar el Ejército antes del plebiscito de 1988, terminaron con su carrera. Fue llamado a retiro con el grado de Mayor.

Su siguiente centro de operaciones sería Avanzada Nacional, que llegó a presidir. En ese rol, siempre orgulloso, dijo en 1989 a revista Cosas: “Triste es no tener amigos, pero más triste aún debe ser no tener enemigos. Quien enemigos no tiene, carece del talento que le haga sombra, valor que le teman, y cosa que le envidien”.

Esta “exclusiva” en Cosas, que duró tres ediciones, tiene entretelones. La periodista Zayda Cataldo, quien firmó la entrevista, los desclasifica: “El editor Luis Alvarez Baltierra me informó que debía entrevistar al presidente de Avanzada Nacional, el ex oficial de Ejército Álvaro Corbalán Castilla. Reconozco que yo no lo ubicaba, pero llamé a un colega de Fortín Mapocho, quien me dio información. Llegó el día en que nos presentamos y el editor le prometió que yo tendría listo el cuestionario al día siguiente. Reclamé mi derecho a contrapreguntar y le hice notar la importancia de las preguntas cortas, el llamado pim-pón, y recibí de él un grotesco: “Con usted yo pimponearía todo el día”.

Corbalán puso condiciones: responder por escrito y revisar título, fotos y textos. La dirección (Mónica Comandari) y el editor (Álvarez), aceptaron. “Trataba de hacerse el simpático, pero era burdo, recurría al doble sentido. Hacía notar su poder, amenazaba”, cuenta Cataldo. “A ti ya te tengo calata [desnuda]” o “si fueras hombre, ya te habría dado un patada”, le advertía a ella. Llegó a buscar el cuestionario con las preguntas a la casa de la periodista en La Reina, escoltado por civiles armados con metralletas. Venía en un Volvo azul, último modelo. La periodista afirma que lo acompañaba siempre un hombre idéntico a él, como doble. Hacía un año que Corbalán no estaba en la CNI, pero continuaba siendo “El Faraón”.

“Padrino” en la Peni
Una de las primeras investigaciones judiciales en las que se vio envuelto fue en 1991, ya en democracia, con la quiebra de su empresa de transportes, Santa Bárbara. Fue declarado reo, acusado de quiebra fraudulenta. Los fondos de la empresa, 464 millones, habían desaparecido.

Su periplo carcelario se inició con siete meses en la Penitenciaría, donde asegura haber convivido con delincuentes comunes. A sus amigos les cuenta que era una suerte de “Padrino de la Peni”. Sabía trucos de magia y abrir candados en segundos era uno de sus hits. Suele narrar que en una de sus salidas a declarar, Gendarmería lo obligó a ir atado de manos con cadenas. Antes de bajarse del furgón en los tribunales, cuando vio que lo esperaban las cámaras y flashes de la prensa, hizo el truco y bajó con las manos libres. Él dice a sus cercanos que la historia se corrió de inmediato en la Penitenciaría y que, a su regreso, varios internos le ofrecieron protección y le expresaron sus respetos.

En la misma Penitenciaría coincidió con prisioneros del FPMR y del Lautaro. Siempre que pasaba cerca, ellos hacían la mímica de dispararle. El ex agente les respondía: “Aprende a disparar, concha de tu…”.

Después, estuvo detenido en el Hospital Militar, en el Comando de Apoyo Técnico del Ejército, y en el Comando de Telecomunicaciones. El 2003, con la cárcel de Punta Peuco lista desde 1995, Corbalán seguía sin mudarse al penal construido para militares. Es que en los otros centros de detención podía gozar de cierta flexibilidad. Incluso fue visto almorzando en el Club de Yates de Papudo, cuando se suponía que estaba fuera por una diligencia que encargó un juez.

“El cóndor quiere carne”
La paciencia de los jueces se terminó el 2004 y fue recluido en Punta de Peuco.
Su celda-habitación está en el módulo 1. Cerca, en el módulo 3, está preso el ex director de la CNI Hugo Salas Wenzel. En septiembre de 2013, el Presidente Sebastián Piñera ordenó cerrar el Penal Cordillera, donde estaba Salas junto al ex director de la DINA Manuel Contreras y otros ex uniformados condenados. Todos llegaron a Punta de Peuco.

Sin embargo, con Salas nunca fue fácil la relación luego de que éste asumiera la jefatura de la CNI en 1986. A pesar de que jugaban tenis, en varias ocasiones Salas hizo llegar a Pinochet antecedentes negativos del mayor.

Revista Cauce, junio de 1988

El régimen canalizó varios millones de pesos para fundar Avanzada Nacional, partido encabezado por Álvaro Corbalán.
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Bajo la dirección de Salas Wenzel, el 15 y 16 de junio 1987 la CNI dio un duro golpe al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), en la llamada “Operación Albania” o “Matanza de Corpus Christi”. Doce rodriguistas fueron asesinados en diversos puntos de Santiago, casi todos en falsos enfrentamientos. Antes de iniciar la operación, Corbalán arengó a sus hombres con una frase: “El Cóndor quiere carne”.

En su defensa judicial, el director de la CNI argumentó que fue sobrepasado por Corbalán, quien habría corrido “con colores propios” al dirigir la matanza. Corbalán ha retrucado que no estaba de acuerdo con “darles muerte” al menos a los cinco rodriguistas que antes de ser asesinados llegaron detenidos. “Lo mejor habría sido interrogarlos hasta las últimas consecuencias”, aclaró. Pese a las estrategias de sus abogados, Salas Wenzel no se libró de la condena a cadena perpetua por haber ordenado la masacre. A Corbalán le cayeron 20 años.

Tan lejos, tan cerca
En Punta de Peuco Corbalán también comparte espacios con otro ex agente, Carlos Herrera Jiménez, quien está en el mismo módulo suyo, a un par de dormitorios de distancia. De chapa “Bocaccio”, es el autor material del asesinato del sindicalista Tucapel Jiménez (1982) y del carpintero Juan Alegría (1983). Al segundo, un trabajador cesante y sin ningún vínculo con la política, se buscó inculparlo del crimen del dirigente, a través de una carta en la que supuestamente explicaba su suicidio.

En 2000 Herrera decidió confesar su autoría en el crimen de Tucapel Jiménez, a cuya familia pidió perdón. La cadena perpetua que cumple Corbalán se dictó luego que “Boccacio” declarara que fue él quien dio la orden de ejecutar al carpintero Alegría, por instrucciones del general Humberto Gordon. Según el expediente, Corbalán participó personalmente de este crimen en contra de un hombre humilde y solo, quien había sido cuidadosamente elegido para que nadie reclamara su muerte.

Sin embargo, el ex agente no admite culpabilidad alguna en el crimen del carpintero. Hasta ahora, reconocer culpas y pedir perdón no forma parte de su glosario.

En 2000, la periodista de El Mercurio Raquel Correa lo entrevistó, cuando estaba detenido en el Comando de Apoyo Técnico del Ejército. Antes de morir, la profesional desclasificó el verdadero inicio de la entrevista en una conversación con el también periodista Tomás Mosciatti:

-Álvaro Corbalán: “Usted me da un poco de miedo”.

-Raquel Correa: “¡Imagínese el miedo que usted me da a mí!”.

Después del “septiembre negro”
En Punta de Peuco toca la guitarra, compone canciones y lamenta no ver a sus nueve hijos, producto de cinco matrimonios a cuestas. La historia del último es particular. A su mujer, una ex modelo argentina un par de décadas menor, la conoció ya detenido. Un amigo en común tenía que visitarlo y ella lo acompañó. Se enamoraron y hoy tienen tres hijos. “Corbalán es como las jirafas: se reproduce en cautiverio”, es una de sus frases más escuchadas.

En 2012, informaciones de prensa revelaron que solo en 2010 el ex agente pasó 108 días en el Hospital Militar. Es decir, sin que existiera ninguna dolencia mayor que lo justificara, pasó todo ese tiempo en un lugar con acceso a teléfono y recibiendo visitas diarias. El entonces ministro de Defensa, Andrés Allamand, tuvo que actuar: sus condiciones de reclusión se hicieron más severas, ya no dispone de teléfonos y sus visitas están restringidas.

Hace un año, el hombre del corvo de oro estaba esperanzado. Por haber sido juzgado dentro del sistema procesal antiguo y, tras más de 20 años de prisión, podría tener derecho a beneficios carcelarios, como optar a algún régimen de salidas. Hasta compuso una canción que entonaría en libertad. Comenzaba con un “¡Hola! ¿Qué tal?”

Ahora, después de que el Presidente Piñera separó aguas con los uniformados violadores de derechos humanos, su ánimo es más sombrío. Corbalán, condenado por crímenes de lesa humanidad, lo resume en una frase: “El juez que me absuelva, que mejor se jubile. Hasta allí no más llegó su carrera”.



 

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